Al escuchar sus nombres, Ziegler tomó el cierre de su pantalón y tanto él como Tasha se detuvieron.
—Tenemos que regresar —le dijo Ziegler—. No queremos que nos descubran haciendo bebés —añadió, y ambos se rieron de eso.
Cuando las risas se apagaron, Ziegler le tomó la mano con afecto. La encontraba adorable y quería hacerla suya, pero ella lo estaba complicando para ambos.
—Siempre podemos hacerlo en otro momento —le transmitió.
—Pero solo nos queda un último día juntos —se quejó ella.