Alguien estaba corriendo detrás de Tasha, ella no se atrevía a mirar hacia atrás. ¡Podría ser un lobo!, pensó. Podría morir y nadie se enteraría jamás de ella. Unas garras rodearon su brazo y la giraron bruscamente, encerrándola contra el cuerpo firme de una figura más grande mientras su corazón se le subía a la garganta.
—Tasha, soy yo —jadeó Ziegler, sin aliento.
Su pecho se agitaba en respiraciones rápidas. —Yo… yo pensé que eras un lobo. ¿Eras tú quien corría detrás de mí? —preguntó Tasha.