SARA
Nunca llegué a pensar que ver a mi esposo en esa faceta tan retorcida fuera a gustarme tanto, y en cierto me asusto de mí mima, puesto que no debería gustarme. La forma tan precisa, brusca y demente con la que arrebato hasta el último suspiro de Golden fue alucinante; me cautivó. Sé que está muy mal pensar de esta manera, pero cuando se trata de seres tan despreciables no hay may