Tanto Hazel como Sully quedaron atónitas. Habían pensado que Jonah aguantaría uno o dos días, pero allí estaba, llamando apenas terminada la reunión.
Realmente lo habían sobreestimado. Ese hombre no estaba en condiciones de ocupar un puesto de vicepresidente en absoluto.
Hazel giró el teléfono entre sus manos, sin hacer ningún movimiento para contestarlo.
—¿Tú crees que, si Jonah me pide que lo relegue, qué puesto sería adecuado para él? —preguntó Hazel.
Sully se apoyó la barbilla y reflexionó