14. No te atrevas a tocar a mi niñera
— ¿¡Está todo listo!? – le preguntó Eloísa a su doncella calzándose los altos tacones negros.
— Bien, bien, vámonos ya antes de que venga Steve, porque sé que debe estar en su hacienda.
— Llamé a la compañía y me dijeron que se tomó el día libre.
— Hagamos un escándalo, para ganar tiempo y de paso presionar a esa nana idiota – caminaba desde su inmenso vestidor hacia el cuarto, que llevaba luego a una pequeña sala.
— Recuerda, tú eres mi testigo, ¡tienes que decir que la dejé sola un momento