Marília
Despertar en sus brazos era perfecto, nos duchamos juntos y bajamos a desayunar con la abuela. Después de verla sonriendo es que me di cuenta de que el motivo era nuestros cabellos mojados, denunciando que pasamos una noche maravillosa juntos.
— ¿Qué les parece si damos un paseo por la playa? — Vinícius propuso mirándonos a las dos y yo sonreí.
— Pueden irse ustedes dos, me quedaré aquí descansando un poco más.
La abuela quería darnos privacidad, pero la idea del viaje era hacerla feliz