Capítulo 7
—Chicos, todavía quedan diecisiete minutos en el reloj, pero esto se está poniendo mucho más caliente y más duro de lo que jamás imaginamos, estoy duro como una roca aquí —medio gimió David desde su asiento, su voz espesa de excitación, y yo seguí rebotando en la mano de Frank, sintiendo cómo sus dedos se curvaban dentro de mí para golpear ese punto que hacía que se me encogieran los dedos de los pies y se me cortara la respiración.
—Emma, ¿puedes venir a chupármela? Estoy tan jodida