Horas más tarde, Nathan se levantó con ojos cansados. La inflamación le hacía ver todo borroso a su alrededor.
Apenas el sol se asomaba por el este. Nunca despertaba de buen humor, pero ese día indudablemente estaría en su lista cuatro de peores mañanas.
No era creyente del “karma”, ni supersticiones bobas, porque en su razonamiento si eso existiera: ¿por qué su padre y su madrastra, que habían hecho tanto daño, eran felices? Mientras que él lo único que deseaba desde niño era un poquito de a