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Las dos mujeres desnudas caminaban delante de mí por un estrecho sendero de tierra. Las seguí por la densa y verde selva. Mientras caminaba, me sentía completamente fuera de lugar. Aún llevaba mi ropa mojada y salada del vuelo. La camiseta se me pegaba a la piel. Los pantalones me pesaban, húmedos.
Pronto, los árboles se despejaron y entramos en una pequeña aldea. Me quedé petrificado. Se me cayó la mandíbula.
*¿Pero qué coño?*, pensé.
La aldea estaba llena de casas pequeñas hechas