—¿Te gusta la idea? —le preguntó Reed a Stela mostrándole la casa—. Ya sé que dijimos que no queríamos casa con jardín, pero si queremos cuidar a Gabo y a Marianne, tenemos que adaptarnos, solo será por un tiempo.
—Es excelente, amor —sonrió Stela, feliz de poder pasar con Marianne las últimas sema