Una vez que hubo desaparecido, Stela se dio cuenta de que estaba temblando. Sus rodillas parecían a punto de ceder y tuvo que agarrarse a la mesa para no caerse.
—¿Estás bien? —preguntó Morgan acercándose a ella.
—Sí —contestó, pero su voz sonaba débil y temblorosa.
—No te preocupes por Clarice —