—Sí, Su señoría —accedió Reed parándose detrás de Marianne, y aunque creía que estaba cometiendo una locura, le había prometido que confiaría en ella.
El juez se recostó en su silla.
—Bien, comencemos. ¿Dónde ocurrió el incidente? —inició el interrogatorio mientras el escriba tecleaba a toda veloc