Su comida llega, comienzan a comer, y es Irina quien rompe el silencio de nuevo.
—¿Te gusta pasar tiempo con Magnus?
Evangeline la ve fijamente, su corazón entra en pánico.
—Eh... sí, creo.
—¿Crees? —Irina ríe—. No todas quieren conmigo, pero te aseguro, todas quieren con mi esposo.
—Creí escuchar que piensa que no soy como cualquier chica.
—No, Eva. No estamos hablando de eso. Es que no te culpo, que mi esposo te parezca atractivo y sensual no quiere decir que vas a quitármelo, ¿o sí?
—No.
Y E