Cerca de las ocho de la mañana del día siguiente, Diana tomaba asiento en una de las mesas al aire libre de una cafetería campestre. Resultaba extraño que no hubiera señales de su ex, sin embargo, se mantuvo tranquila, ordenando simplemente una taza de café au lait.
— Tan puntual como siempre — dijo arrogante el hombre, mientras rodaba la silla para sentarse frente a ella.
— Y como siempre llegas tarde ¿Qué era eso tan importante para lo que me hiciste venir?
— Tranquila, no seas tan agresiv