Amarte es mi condena. Capítulo 42: Queremos una vida juntos.
Sebastián se encontraba en su oficina, revisaba las estadísticas de las últimas encuestas de la campaña, resopló al ver que la curva marcaba hacia abajo.
—¡No puede ser! —gruñó, y resopló con molestia, entonces pensó en Malú, y lo lejos que estaban—, creo que te haré una visita.
Terminó de decir esa frase cuando escuchó gritos afuera, se habían confiado demasiado y Majo desde la clandestinidad había movido las piezas a su favor, y las pruebas que le envió su hermana fueron contundentes. Y de