**Sienna**
El aire entre nosotros chispeaba como un cable vivo. La boca de Jaxon se movía contra la mía con un hambre que hacía temblar todo mi cuerpo, mis manos arañando su camisa antes de que me diera cuenta de lo que hacía.
En algún momento entre besos, la ropa empezó a caer al suelo: su sudadera, mi cárdigan, su camiseta. No nos detuvimos a pensar. Ni siquiera respiramos. Era como si toda la semana de contención hubiera estallado en una ola imparable.
"Yo también te extrañé", susurré contra