Sienna.
Cuando Jaxon finalmente dejó caer su teléfono en la mesita de noche, no pude parar de reír. El tipo de risa que brotaba de mí hasta que me dolía el estómago.
"Estás loco", susurré, golpeando su pecho de nuevo mientras me acurrucaba en él. "¿Sabes lo cerca que estuvimos? Mi papá literalmente preguntó por mí".
Él sonrió perezosamente, esa media sonrisa que siempre me desarmaba. "Relájate. Lo tenía bajo control. ¿Crees que dejaría que te atraparan en mi habitación medio desnuda? Ni en sueñ