— No aquí no — le dije a Alexander. Mis manos estaban temblando — . No frente a mis hijos.
No quería hablar con él. No quería que sus mentiras me envolvieran nuevamente. Sabía cómo era, ya lo conocía. Siempre tenía una excusa para todo, una buena historia, una gran explicación.
Ya no me importaba, ya no quería, ya no quería saber nada de él, ni para bien ni para mal. Solo quería sentirme en paz, quería sentirme en paz de una vez por todas. Pero no era capaz de hacerlo, no lograba conseguirlo.
L