Yeison conocía bien el barrio. Era un muchacho hábil, y eso yo pude verlo en sus ojos ávidos y claros, pero notaba cómo Alexander seguía desconfiando. De todas formas, no teníamos otra opción más que confiar en él.
— Espero que sea verdad — nos dijo cuando llegamos a una esquina especialmente amplia — . Si yo los ayudo a salir y no me cumplen lo que me prometieron...
— Lo haremos — le interrumpí — . Alexander y yo te ayudaremos, ya te lo prometí. Pero sácanos de aquí.
El joven asintió, tomó a