En ese momento, en el auto, me sentía completamente incómoda. Me abracé a mí misma y me entretuve sacando la tierra debajo de mis uñas para no mirar a ninguno a la cara.
Yo sabía que venía un regaño por parte de Federico, pero en ese momento estaba feliz, radiante. Tendría que contarle la verdad, decirle qué era lo que estaba haciendo y por qué estaba en medio de la autopista de la jungla sin un transporte.
No sabía si su buen ánimo era porque yo había decidido darle una oportunidad o porque me