Mientras César se apoyaba en la pared, apretando con fuerza mi celular, este volvió a timbrar.
Eché un vistazo y era una llamada de Alonso, mi tercer hermano.
Alonso, un talentoso pintor, siempre le encantaron los colores vistosos.
Hace cuatro días, le había conseguido un raro pigmento de Veracruz, creyendo que le encantaría.
Sin embargo, no esperaba haber muerto antes de que Alonso recibiera esta sorpresa.
César contestó la llamada, y Alonso, con un tono más suave, dijo: —Olvídate, Flora, no