Capítulo 3

«Vámonos».

Las palabras de Kyle se repiten en mi mente demasiadas veces y cuando soy capaz de responder, la voz me tiembla. Soy incapaz de creer lo que está ocurriendo aunque lo tenga en frente.

—No puedes estar hablando en serio.

—¡¿Y qué pretendes hacer?!

—Debemos… debemos llevarla.

—No —ríe como en un acto reflejo para disimular que se está poniendo nervioso—. Escucha, no. Tengo una compañía que dirigir y yo… —lo veo pasarse las manos por el rostro y sé que esta situación lo supera. No es para menos. Yo también me siento impactada y un tanto asustada por esto, pero mi primera reacción no es huir—. Shirley…

—¡¿No estás viendo lo mismo que yo?!

—¡Por supuesto que lo estoy viendo! —grita mientras se lleva las manos a la cabeza—. Mira, tomaremos… eso y lo llevaremos al ¡no, no, no, no, no lo toques!

—¡No voy a dejarla ahí! –me quejo.

—Santo Dios, no sabes si está enferma o… o tiene una bomba dentro.

—¡Es una bebé! –le grito con el ceño fruncido mientras me pongo de pie.

—Sí, en una carretera por donde no pasan muchos vehículos ¿no te parece extraño?

—Sí, pero no hay que ser adivino para saber que la dejaron aquí.

Tomo la caja y se la paso a Kyle mientras empiezo a caminar hacia el auto.

—¿Qu-qué estás haciendo? –cuestiona.

—¿Qué te parece que estoy haciendo? Estoy sacando a esta niña de la orilla de la carretera y de una m*****a caja para llevarla al hospital.

—Shirley –dice, con el pánico asentándose en su rostro cada vez más—. Sabes que yo te apoyo en todo, pero esto… esto puede ser considerado secuestro ¿lo sabías?

—Fue abandonada —digo como si él aún no cayera en la cuenta de ello.

Lo veo pasarse una mano por el rostro y mirar al cielo, como si estuviera en busca de algún tipo de iluminación divina, pero lo único que hay, soy yo. Yo con una bebé en brazos esperando que me abra la puerta de su auto.

—Esto puede salir mal de tantas maneras distintas –murmura mientras se acerca y me abre la puerta.

Entro con cuidado, manteniendo en brazos a la bebé que permanece con sus ojos clavados en los míos. Siento que el corazón empieza a latirme con fuerza y llevo un dedo a su puño cerrado. Ella abre su pequeña mano para sostener mi dedo y, en ese instante, las lágrimas llenan mis ojos. Otra vez.

Soy apenas consciente de la puerta del auto cerrándose y es porque mi amigo me habla.

—En serio no quiero decirte nada –empieza.

—Pero lo vas a hacer de todos modos –susurro, como si cualquier ruido alto pudiera alterar a la bebé.

—No puedes solo… tomar a una persona que encontraste en la calle y… llevártela.

Respiro hondo antes de mirarlo. Él sabe lo mucho que he querido un bebé, desde antes de entrar a la universidad, él incluso aceptó ser el padrino cuando lo tuviera y quizá piensa que la razón por la que no lo tengo es porque no he encontrado pareja. Lo único que puedo suponer es que cree que mi anhelo por ser madre me está nublando el juicio, pero no es el caso.

—Si vieras a un niño de siete u ocho años bajo la lluvia, inseguro de a dónde ir, ¿lo ayudarías?

—Solo… lo llevaría a un lugar seco –masculla.

—Si no quieres llevarme, solo dímelo y me bajo de inmediato.

Lo escucho soltar una maldición, pero arranca el auto y nos internamos de vuelta a la carretera. Pasa poco tiempo antes de que la bebé empiece a incomodarse en mis brazos. Intento cambiarla de postura, hacer sonidos algo graciosos para que se distraiga, pero no puedo hacer nada para evitar que empiece a llorar.

Lanzo un vistazo rápido hacia mi amigo, pero sigue con la mirada clavada en la carretera.

—¿Qué te ocurre? –pregunto en un susurro a la bebé, notando cómo su cara se torna completamente roja.

Cuando ninguna postura que intento funciona, decido quitarle los pequeños pantalones que lleva puestos y revisar su pañal. El mal olor golpea mi nariz con fuerza y aprieto los labios cuando veo su pequeño trasero de bebé totalmente manchado de caca.

—¿Puedes… nos podemos parar en una farmacia a comprar un pañal? –le pregunto a Kyle—. ¿Y tal vez unas cuantas fórmulas para alimentarla?

Lo veo tomar una profunda bocanada de aire y responder manteniendo la mirada en la carretera.

—En serio espero que lo próximo en tu lista sea entregarla a servicios sociales —susurra.

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