—Eh... amigo. —Roy se paró a un lado de la cama para despertarlo sin tocarlo y evitar empeorar las cosas. —Einar, despierta. —Los gritos de su amigo lo preocuparon, siempre es lo mismo. —¡Einar!— El aludido se sentó en la cama sudoroso, jadeante y aterrado. Su mirada aun pérdida vaga por cada esquina de la habitación. —Tranquilo, soy yo. —Roy trató de calmarlo en cuanto lo miró.
—Mierd4. —Einar gruñó furioso, queda como un tonto por esas maldit4s pesadillas.
—Vas a tener que retomar las sesio