Einar sonrió como un depravado al escucharla gemir. Solo tocó su pecho y ella se ha encendido en deseo, su pezón está como una roca.
—¿Sigues diciendo que no te tocaré nunca? —Pasó la lengua por los temblorosos labios de Engla. —Ambos sabemos que te excitas con solo verme, ¿No te has preguntado por qué despiertas tan mojada? —La miró a los ojos disfrutando el terror mezclado con deseo en ellos. —Es por mí, soy yo quien te hace mojar de esa manera. —Sin poder contenerlo más y enloquecido por pr