Alondra estaba entusiasmada cuando dejamos la comisaría. -Es una pista y muy sólida, además- me decía brincando como una conejita.
Yo sin embargo no quería entusiasmarme, mi mente rechazaba cualquier posibilidad de resolver el misterio, porque, imaginaba y estaba segura que eso podría significar no ver más a mi marido.
Por la noche Rudolph llegó molesto a la casa. Estaba muy fastidiado y hasta encorajinado. No lo había visto así antes. Tenía el rostro adusto, y había borrado su clásica sonr