Unos golpes en la puerta me despertaron sobresaltada.
Esperaba que fuera la señora Hawthorne.
En cambio, la voz de Lucien llegó desde el otro lado de la puerta.
“¿Vivian?”
Su voz sonaba tranquila.
“Quédate dentro de tu habitación.”
Antes de que pudiera responder, comenzó la alarma.
Una sirena grave y pulsante recorrió toda la casa, vibrando bajo el suelo.
Aparté las mantas de un tirón y corrí hacia la puerta, con el pulso acelerado.
“¿Lucien?”
No hubo respuesta.
Aun así, abrí la puerta.
El pasi