Perspectiva: María Martínez López
La noche era fresca, de ese tipo de aire que se siente limpio y cortante sobre la piel. Estaba de pie en la amplia terraza del nuevo local frente al puerto, con las manos apoyadas en la fría barandilla de piedra. Debajo de mí, el agua del puerto era profunda y negra, y reflejaba las luces dispersas y centelleantes del perfil urbano. Todo estaba en calma, salvo por el suave chapoteo de la marea contra el muelle y el zumbido distante y grave de una ciudad que nun