Diego
Las chispas del oxidado bidón de combustible se elevaban como una nube de luciérnagas naranjas, desapareciendo en la niebla gélida y de color carbón de la cuenca inferior del canal. Acerqué las palmas de mis manos a los trozos ardientes de madera tratada; el calor químico me escocía en la carne viva y agrietada de los nudillos, pero mis ojos nunca se apartaron de la rampa de hormigón.
Otro camión de plataforma pasó por delante de la valla de la avenida. Sus frenos de aire soltaron un sise