No esperaba que el fuera directo, sentí como si el alma quisiera correr hacia él y arrollarlo a una velocidad arriba de 80 millas, mi corazón se emocionó ante aquella declaración, pero muy dentro de mí, también se levantó un muro a la defensiva.
— Son las palabras más lindas que yo haya escuchado, muchas gracias por ser tan sincero conmigo, pero también quiero ser clara, ¡No soy un juguete!
— Claro que no lo eres, y tampoco quiero que pienses mal de mí, quiero…
— Debo ser clara contigo — él se