Armando miró fijamente mis ojos con una expresión sombría durante un largo rato, hasta que ya no tuve el coraje de enfrentarlo. Solo entonces su rostro se suavizó un poco.
Sus labios delgados formaron una curva sensual, resaltando sus perfectos rasgos faciales. Tan seductor como era, era difícil apartar la mirada de él.
—Si te gusta tanto mirarme, entonces cuando lleguemos a la cama, ¡te dejaré ver lo que quieras!—dijo Armando con una sonrisa traviesa.
Todavía aturdida por la situación, me encon