Capítulo 35: La suerte está lanzada.
Una hora, tan sólo había pasado una hora desde que Aisha se había encerrado en la habitación para ponerse el vestido que la llevaría a romper todas las reglas que le impusieron a lo largo de su vida.
El reflejo en el espejo estaba muy lejos de parecerse a la chica que solo había nacido para servir. La sirvienta que pasó la mayor parte de su invisible existencia con la cabeza gacha, pues esa era su obligación o de lo contrario terminaría encontrando la muerte. Ella tuvo que mantener la vista en