Ella seguía con sus ojos fijos en el —Y-yo... yo no sé... no sé de qué hablas... ayer...
La miro desolado — mentir no es aceptable.
Eso la callo de golpe, y desvaneció cualquier tipo de excusa
—Pero habías dicho que no lo recordabas...
—No lo hacía. —confeso —No lo recordé hasta esta tarde.
Las cartas del juego habían sido colocadas y ella solo esperaba el siguiente movimiento. ¿Pero como iba a ganarle a Julian Anderson? Él era el chico listo, el estratega, la cabeza en todo, si ella manejaba l