Mi cabeza late sin piedad mientras mis ojos se abren lentamente. El mundo se enfoca poco a poco: primero el techo blanco e impersonal, luego el olor estéril a antiséptico. Esta no es mi habitación. Tengo una vía intravenosa pegada en el dorso de la mano, con el líquido transparente subiendo hasta una bolsa. Gimo al darme cuenta de que estoy en un hospital.
Entonces lo veo. Jason se levanta de una silla junto a la ventana y camina hacia mí. Sus habituales bordes afilados se suavizan bajo la luz t