XXVI. Tratando de salvar mi moribunda compañía
Siento unas manos que acarician suavemente mi pelo desordenado. Anoche no sé a qué hora finalmente me dormí, después de tanto llorar, debí caer exhausta porque aún continúo sentada en la misma silla, con la parte superior de mi cuerpo acomodada en el colchón de la cama del hospital, cerca de Ethan.
Levanto la cabeza que tengo tapada con la frazada y no sé como no me he ahogado, supongo que lo hice para protegerme de la claridad y miro a Ethan con ojos adormilados y estoy segura que hinchados, p