Narrado por Eric.
Me llevé a Dante hacia mi oficina, casi lo jalé de la oreja como si fuera un niño, lo cual ya era costumbre para mí. Su comportamiento inmaduro solía molestarme porque él siempre pensaba que el mundo giraba en torno a sí mismo.
No le preocupaban las personas que podía dañar a su alrededor, con tal de satisfacer sus propias necesidades.
—¡Ya suéltame! Maldición —se quejó, sobando su brazo en cuanto llegamos a nuestro destino—. ¿Cómo carajos tienes tanta fuerza?
—Se llama hacer