CARMEN
Me doy la vuelta, con los dedos agarrando fuertemente mi teléfono mientras él está de pie ante mí. A la luz del día, su aspecto es más amenazante, engañoso con la extraña máscara puesta.
—No, no, no...— Mi pie cae sobre el montón de barro, retorciéndose en los dedos y la gravedad me tira al suelo, mi única mano cae sobre el teléfono desechable y la voz de Irma se detiene cuando la cosa se estrella bajo mi palma.
—Vamos, cariño—. El hombre da pasos hacia mí mientras yo arrastro mi cuerpo