CARMEN
Cuando volvemos a entrar en nuestra habitación no hay más que incomodidad entre nosotros. Tengo el traje de Vincent colgado de los hombros y los flashes del baile siguen reclamando mi visión.
¿Qué fue todo eso? ¿Desde cuándo Vincent y yo empezamos a comportarnos amistosamente el uno con el otro? Ni siquiera nos dijimos un “Hola” en condiciones y hoy estábamos bailando como dos personas locamente enamoradas de la compañía del otro.
Recuerdo la forma en que sus fuertes manos se deslizaban