Por Melina
Cuando llegamos, no saltamos al sillón como hacíamos siempre, para amarnos, con esa pasión que nos caracterizaba.
-Yo…
Comienza a decir, pero se queda callado.
Mis lágrimas comienzan a caer, no tenía sentido seguir haciéndome fuerte.
-¿Por qué?
-Firmé un contrato.
-¿Por qué no me lo dijiste? Tuviste miles de oportunidades.
-No quería arruinar los momentos que pasabamos juntos.
-¿De verdad? ¿No tenés otra excusa?
-¡Es verdad!
-¿Para qué me diste un anillo, como promesa de una vida ju