—Mamá, papá.
—Los extraño mucho a los dos.
Estaba mirando sus fotos.
—Espero que estén bien dondequiera que estén.
—No se preocupen, los vengaré.
—Papá.
—Extraño tu arroz jollof.
—Mamá.
—Extraño tus pasteles.
Las lágrimas rodaron por sus mejillas.
—Los dos me dejaron, ahora estoy sola.
—No estás sola.
Faith levantó la vista.
—Pensé que eras fuerte, deja de llorar. Si tú lloras, ¿qué será de mi destino? —dijo Victoria.
Entró completamente.
—No tienes que llorar, estoy aquí para ti. Buscaremos ju