MI ESTÚPIDO HERMANASTRO.
CAPÍTULO 59.
Álex apretó mi mano, él podía sentir mi enojo, giré sobre mi propio eje y lo miré con frialdad.
—¿Qué quieres? —Exclamé.
—¿Podemos hablar? —pidió.
—Señor usted y yo no tenemos nada de qué hablar, podemos correr el riesgo de que su familia se entere.
—Sólo quiero un minuto —me miró.
—Estaré cerca por si me necesitas —Susurró Álex en mi oído y me abrazó.
Lo tomé del brazo.
—Te quedas conmigo. Lo que tenga que decir dígalo, no tengo secretos con mi novio.