POV de Carmen
Me senté en el asiento del copiloto, con los dedos apretando el borde del asiento tan fuerte que los nudillos se me pusieron blancos. El silencio entre Alejandro y yo era espeso, casi sofocante. No podía hablar, el peso de todo lo que acababa de suceder me oprimía como una pesada manta. Mi corazón todavía latía con fuerza por la transformación, la bestia dentro de mí asentándose en su nuevo hogar, y la incertidumbre de lo que estaba por venir me corroía en la mente.
Las miradas oc