En el momento en que dijo eso, todo empezó a tener sentido. La ira me invadió como nunca antes y lo único que quería era ir tras él y matarlo. Pero otra parte de mí se abrió paso. Tenía que encontrar a mi hija primero.
—¿Puedes contarme todo lo que sabes, por favor? —le suplique en voz baja.
Me contó todo lo que le había contado a ese enfermo, y de repente entendí por qué el monstruo había aparecido de la nada aquella noche.
Cuando terminó, empezó a reír. Fruncí el ceño, aparté las manos de la