—¿Están bien? —preguntó alfa Baxter.
Salí de la habitación de las nenas y me dirigí a la terraza donde me esperaba.
-Están durmiendo la siesta -respondí con cansancio.
Solo podía imaginar el dolor que sentían las otras madres, especialmente aquellas que no tenían ni idea de cómo conseguir ayuda para sus cachorros.
—Encontraremos una cura. No te preocupes —dijo alfa Baxter, tratando de consolarme, aunque no teníamos ni idea de cómo íbamos a hacerlo.
—¿No crees que llegamos un poco tarde? Han pas