Rosa…
Su mano me rodeó la cintura, impidiendo que me cayera. Me topé con el señor Black, quien me miró con una ceja levantada.
“Oh, señor Black. Disculpe, no lo vi”, dije en cuanto me di cuenta de quién era.
“Señorita Ettore, cálmese. Acabo de llegar al ascensor. ¿Por qué corres así?”, preguntó sin dejar de mirarme.
“Mi computadora no enciende; sigue mostrando una pantalla en negro. Fred no contestó el teléfono cuando lo llamé y tengo mucho trabajo que hacer”, hablé sin parar.
“Ya veo. Busc