Leah
Puede que Catriona, tuviese la razón. Cuando llegué al piso en el ático de Frederick el olor a comida me llegó de forma provocativa y sensual. Aunque lo que realmente me dejo de piedra, fue que la mesa estaba puesta y no de forma casual como solía estar cuando comíamos a diario. En el centro de la mesa se encontraba un arreglo floral de peonias blancas, enmarcado por velas que iluminaban tímidamente el ambiente.
Me detuve sorprendida, cuando Frederick apareció con una botella de Chardonnay