Clara
Mientras le quito la armadura y le rompo la camiseta, mis ojos derraman lágrimas de terror.
Tiemblo, y las sacudidas de mis manos son un obstáculo para terminar de desvestirlo. No solo eso: también la inhibición que hay en mí, pues nunca he tocado ni estado tan cerca de un hombre desnudo, en especial de este, que es desconocido y que significa tanto para mí ahora.
Cuando logro quitarle todo y dejarlo solo con la ropa interior, le limpio las heridas, pero no sé qué más hacer. El acónito si