—Su nombre… —susurró la hembra para sí misma, como si cada palabra le diera un poco más de valor.
Ella no era una dragona, pero poseía la magia del más poderoso del Clan Frostwind. De pie en medio del bosque frondoso, extendió sus manos, cerró los ojos y se concentró.
Una aura intensamente blanca la rodeó, comenzando a expandirse en una densa neblina escarchada que se arremolinaba y tomaba forma ante ella.
Connie abrió los ojos, que pasaron del celeste habitual al rojo carmesí e intenso