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Theo cerró la carpeta que mantenía entre sus manos y entró a la cabaña con la carpeta en manos. Cerró la puerta tras de él y tragó saliva para después dejar caer la carpeta sobre la pequeña mesa del recibidor. Adam lo observó por unos instantes y prefirió guardar silencio al ver los ojos rojos de Theo. Obviamente había llorado y no quería cuestionarlo acerca de cómo se sentía. Sabía

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