De camino al bar le mando un mensaje a Eva para que se calme y aproveche los minutos de silencio en su coche para pensar en los dos. Sí, pienso en nosotros dos cada minuto del día. Simplemente no puedo evitarlo y me encuentro sonriendo la mayor parte del tiempo también. Incluso mi corazón late salvajemente con algunos pensamientos audaces, que sé que no podré poner en práctica en este momento. No sin antes devolverla a la vida y perdón por la frase, pero maldita sea, parece que el tiempo corre