Rosalin se quedó sentada en su sitio, muda y asombrada por sus palabras. ¿Cómo era posible que ese hombre borrara de un plumazo todo su rencor y sus inseguridades con el solo hecho de decirle esas palabras que hicieron a su corazón perder un latido y luego desbocarse como caballo fuera del corral.
Rosalin decidió no mostrar sus sentimientos y se paró a buscar las tazas y servir el café para los dos para entregar una taza al señor Duncan y otra para ella.
-¡Tómate el café y vete, porque yo no n